Una Junta General para 600.000 accionistas globales.
Iberdrola afrontaba un reto característico de las grandes corporaciones cotizadas: cómo extender la participación de su Junta General de Accionistas más allá del aforo físico de una sala y los límites geográficos de la sede. En una compañía con más de 600.000 accionistas distribuidos por todo el mundo, el modelo tradicional —reunión presencial para los principales accionistas y acta remitida al resto— resultaba limitante en términos de involucración, transparencia y experiencia. El reto consistía en diseñar un formato pionero que permitiera reunir al máximo número de accionistas en un mismo encuentro, manteniendo el rigor institucional de la Junta y aportando un nuevo nivel de inmersión y participación.